Reconozco que todo tiene su fondo y que las horas a veces parecen una bandada de aves huyendo. Cuando se toca fondo parece haber llegado el final. Cuando se escapan las horas se invoca para que vuelvan.
Es el rebelde desorden que pugna por salir de mi mente lo que me incita a escribir sin modo ni causa y escribo con la esperanza de que las letras me muestren sus dientes, es mi fondo. Las invocaciones ignoradas son parte de las horas que huyeron.
Anoche soñé. Soñé que naufragaba mirando estrellas y me sentí dominado por una oscura sombra que cortante me besó. Todo fue negro y rojo en el momento de recibir el beso y mi lengua pareció cubierta de fieras llamas. Me arrastró el sueño a su profundidad.
Me he encontrado a mí mismo escuchando el monótono y repetido tic-tac del reloj. Lo escuchaba, me balanceaba y sonreía con satisfacción. Confundido he salido de tal ensoñación y he creído ver en el reloj a un vampiro que con su sonido me robaba la vitalidad. Ahora sé que el tiempo es extravagantemente feroz.
He salido a caminar y mis pasos me conducen por los mismos lugares de siempre. El viento deshoja los árboles y las hojas al caer parecen iniciar una danza; un reloj lejano canta la hora y esta huye sin ser retenida; el sol se embosca entre las nubes y cuando ya no lo esperas te asalta; los otros, los que pasan a mi lado, como siempre hacen que no miran. He salido a caminar, he hundido mis manos en los bolsillos, el viento sopla, el sol se esconde y la lluvia hace acto de presencia.
He ido fusilando el papel, dejando en su blancura trazos negros que forman el cuerpo de mis desvaríos, y a veces me pregunto por que lo hago.
1 comentario:
Oda a un reloj en la noche
.
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En la noche, en tu mano
brilló como luciérnaga
mi reloj.
Oí
su cuerda:
como un susurro seco
salía
de tu mano invisible.
Tu mano entonces
volvió a mi pecho oscuro
a recoger mi sueño y su latido.
El reloj
siguió cortando el tiempo
con su pequeña sierra.
Como en un bosque
caen
fragmentos de madera,
mínimas gotas, trozos
de ramajes o nidos,
sin que cambie el silencio,
sin que la fresca oscuridad termine,
así
siguió el reloj cortando
desde tu mano invisible,
tiempo, tiempo,
y cayeron
minutos como hojas,
fibras de tiempo roto,
pequeñas plumas negras.
Como en el bosque
olíamos raíces,
el agua en algún sitio desprendía
una gotera gruesa
como una uva mojada.
Un pequeño molino
molía noche,
la sombra susurraba
cayendo de tu mano
y llenaba la tierra.
Polvo,
tierra, distancia
molía y molía
mi reloj en la noche,
desde tu mano.
Yo puse
mi brazo
bajo tu cuello invisible,
bajo su peso tibio,
y en mi mano
cayó el tiempo,
la noche,
pequeños ruidos
de madera y de bosque,
de noche dividida,
de fragmentos de sombra,
de agua que cae y cae:
entonces cayó el sueño
desde el reloj y desde
tus dos manos dormidas,
cayó como agua oscura
de los bosques,
del reloj
a tu cuerpo,
de ti hacia los países,
agua oscura,
tiempo que cae
y corre
adentro de nosotros.
Y así fue aquella noche,
sombra y espacio, tierra
y tiempo,
algo que corre y cae
y pasa.
Y así todas las noches
van por la tierra,
no dejan sino un vago
aroma negro,
cae una hoja,
una gota
en la tierra
apaga su sonido,
duerme el bosque, las aguas,
las praderas,
las campanas,
los ojos.
Te oigo y respiras,
amor mío,
dormimos.
.
-Pablo Neruda-
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