Miradas
No hay momentos perfectos, no. Hay momentos que parecen inventar y de repente, devolvernos a la realidad. Eso me ha pasado a mí, por un rato, un momento, creí inventar y después... nada.
Por eso he dejado atrás ese momento y he salido a la calle. La gente va por las aceras caminando con prisa, llevan colgando de ellos sus paquetes, sus bolsas, deteniéndose a cada pocos pasos delante del escaparate de algún local. Algunos te arremeten, te codean, pisan, estrujan, rebasan...
Y miro hacia arriba, y veo, entiendo, comprendo... son las penúltimas compras antes del día de navidad. Me doy cuenta de que todo va demasiado rápido y busco un lugar donde reposar la repentina ansiedad que me rodea. Un parque, un banco, otro momento que se va.
Todo se transforma, aunque a decir verdad parece algo hostil. La tierra esta húmeda, la hierba parece tener un color fúnebre y los árboles, algunos sin hojas, parecen cadáveres alzándose suplicantes al cielo. No hay niños, ni parejas, ni abuelos que arrastren sus pasos por este lugar. Hoy el parque esta insípido, vacío y a mí me parece que todo comienza a borrarse lentamente. Me siento ajeno a este lugar.
No hay momentos perfectos, no.
Diario de un Maljuntador maljuntados y desvarios escritos, pintados, esculpidos, fotografiados.
lunes, mayo 12, 2008
miércoles, abril 02, 2008
Reconozco que todo tiene su fondo y que las horas a veces parecen una bandada de aves huyendo. Cuando se toca fondo parece haber llegado el final. Cuando se escapan las horas se invoca para que vuelvan.
Es el rebelde desorden que pugna por salir de mi mente lo que me incita a escribir sin modo ni causa y escribo con la esperanza de que las letras me muestren sus dientes, es mi fondo. Las invocaciones ignoradas son parte de las horas que huyeron.
Anoche soñé. Soñé que naufragaba mirando estrellas y me sentí dominado por una oscura sombra que cortante me besó. Todo fue negro y rojo en el momento de recibir el beso y mi lengua pareció cubierta de fieras llamas. Me arrastró el sueño a su profundidad.
Me he encontrado a mí mismo escuchando el monótono y repetido tic-tac del reloj. Lo escuchaba, me balanceaba y sonreía con satisfacción. Confundido he salido de tal ensoñación y he creído ver en el reloj a un vampiro que con su sonido me robaba la vitalidad. Ahora sé que el tiempo es extravagantemente feroz.
He salido a caminar y mis pasos me conducen por los mismos lugares de siempre. El viento deshoja los árboles y las hojas al caer parecen iniciar una danza; un reloj lejano canta la hora y esta huye sin ser retenida; el sol se embosca entre las nubes y cuando ya no lo esperas te asalta; los otros, los que pasan a mi lado, como siempre hacen que no miran. He salido a caminar, he hundido mis manos en los bolsillos, el viento sopla, el sol se esconde y la lluvia hace acto de presencia.
He ido fusilando el papel, dejando en su blancura trazos negros que forman el cuerpo de mis desvaríos, y a veces me pregunto por que lo hago.
jueves, marzo 27, 2008
Pasos de parque
Quizá desconozca parte de la historia. Quizá no debería ser yo quien la contara. Quizá... Lo encontré sentado en un banco del parque, en sus manos había una flor que poco a poco iba deshojando, musitando al mismo tiempo palabras. No quise acercarme a él de momento y me quede sentado en el banco de enfrente, observándole, estudiándole, preguntándome...En un momento me pareció que me miraba y le sonreí. Me acerque con el pretexto de pedirle fuego para encender un cigarrillo. Ciertamente su mirada, su postura, destilaba melancolía y después de intentos infructuosos de iniciar una banal conversación, me atreví a preguntarle que le pasaba.Soltó la flor deshojada y mirándome, suspiró.“Hace tiempo que por mi casa...”Así comenzó su historia. Una historia que tiene un principio y ningún fin. Una historia que casi todos sabemos, en la que entra el amor, la indecisión, los celos, la envidia, el odio, la maldad, el que sé yo... Y hablo durante horas y yo lo escuche. Y vi sus sentimientos derramados en sus palabras y de sus ojos saltaron lagrimas que corrieron por su cara hasta llegar a perderse en su boca o caer de su barbilla hasta llegar a la pernera de su pantalón. Y entre murmullos fue acallando su conversación y en silencio volvió su mirada hacia el horizonte, hacia lo alto de los árboles, hacia el cielo del atardecer y como buscando donde refugiarse, se levanto e inició un lento andar sin saber a donde.Le vi doblar la esquina y al mismo tiempo sonó el reloj de la vieja torre, como un lamento quejumbroso que daba fin a la tarde. Las sombras comenzaban a extenderse por el parque. La luz iniciaba su descanso, dejando paso al manto de la noche. El parque iba quedando solitario y los guardas buscaban en los rincones parejas rezagadas que se repartían los últimos besos.Y yo, dando las ultimas caladas a un cigarro mire alrededor pensativo, acompañado todavía por un eco melancólico que alguien dejo, abandone el parque, sin camino fijo, sin dirigirme a ningún lugar.
miércoles, febrero 06, 2008
Desvaríos
Miré al viento y no se movía. Y las hojas descansaban sobre el suelo abarcando, como enormes granos de arena, toda la avenida.
Me distraje acechando al tiempo y dibujando con mis dedos invisibles ojos que lo invitaran a huir y sin advertirlo, se me echo encima, encerrándome entre sus horas más oscuras.
Me devoro a mí mismo intentando encontrar en mi interior espacios replegados que poder desplegar y al final, al llegar a la boca, una luz, un camino entretejido de rosas oscuras en fría armonía.
Es todo tan lejano que parece infinito y te hace sentirte desolado.
Me estremezco al no encontrar los límites y las sombras que me persiguen parecen tan perdidas como yo.
Tal vez cruce el cementerio y deje mis huellas sobre el polvo gris y, así, cuando de la vuelta, tal como hace el reloj, las encontrare y recordare que la distancia nunca es lejana.
El sabor de lo dulce siempre esta presente y palpita en las memorias. Es un espacio que nunca acaba de llenarse, como una pintura a la que siempre le puedes dar una nueva pincelada. El sabor de lo dulce... que una vez fue instante, un tiempo, un viento.....
Miré al viento y no se movía. Y las hojas descansaban sobre el suelo abarcando, como enormes granos de arena, toda la avenida.
Me distraje acechando al tiempo y dibujando con mis dedos invisibles ojos que lo invitaran a huir y sin advertirlo, se me echo encima, encerrándome entre sus horas más oscuras.
Me devoro a mí mismo intentando encontrar en mi interior espacios replegados que poder desplegar y al final, al llegar a la boca, una luz, un camino entretejido de rosas oscuras en fría armonía.
Es todo tan lejano que parece infinito y te hace sentirte desolado.
Me estremezco al no encontrar los límites y las sombras que me persiguen parecen tan perdidas como yo.
Tal vez cruce el cementerio y deje mis huellas sobre el polvo gris y, así, cuando de la vuelta, tal como hace el reloj, las encontrare y recordare que la distancia nunca es lejana.
El sabor de lo dulce siempre esta presente y palpita en las memorias. Es un espacio que nunca acaba de llenarse, como una pintura a la que siempre le puedes dar una nueva pincelada. El sabor de lo dulce... que una vez fue instante, un tiempo, un viento.....
martes, enero 22, 2008
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)