Miradas
No hay momentos perfectos, no. Hay momentos que parecen inventar y de repente, devolvernos a la realidad. Eso me ha pasado a mí, por un rato, un momento, creí inventar y después... nada.
Por eso he dejado atrás ese momento y he salido a la calle. La gente va por las aceras caminando con prisa, llevan colgando de ellos sus paquetes, sus bolsas, deteniéndose a cada pocos pasos delante del escaparate de algún local. Algunos te arremeten, te codean, pisan, estrujan, rebasan...
Y miro hacia arriba, y veo, entiendo, comprendo... son las penúltimas compras antes del día de navidad. Me doy cuenta de que todo va demasiado rápido y busco un lugar donde reposar la repentina ansiedad que me rodea. Un parque, un banco, otro momento que se va.
Todo se transforma, aunque a decir verdad parece algo hostil. La tierra esta húmeda, la hierba parece tener un color fúnebre y los árboles, algunos sin hojas, parecen cadáveres alzándose suplicantes al cielo. No hay niños, ni parejas, ni abuelos que arrastren sus pasos por este lugar. Hoy el parque esta insípido, vacío y a mí me parece que todo comienza a borrarse lentamente. Me siento ajeno a este lugar.
No hay momentos perfectos, no.