Desvaríos
Miré al viento y no se movía. Y las hojas descansaban sobre el suelo abarcando, como enormes granos de arena, toda la avenida.
Me distraje acechando al tiempo y dibujando con mis dedos invisibles ojos que lo invitaran a huir y sin advertirlo, se me echo encima, encerrándome entre sus horas más oscuras.
Me devoro a mí mismo intentando encontrar en mi interior espacios replegados que poder desplegar y al final, al llegar a la boca, una luz, un camino entretejido de rosas oscuras en fría armonía.
Es todo tan lejano que parece infinito y te hace sentirte desolado.
Me estremezco al no encontrar los límites y las sombras que me persiguen parecen tan perdidas como yo.
Tal vez cruce el cementerio y deje mis huellas sobre el polvo gris y, así, cuando de la vuelta, tal como hace el reloj, las encontrare y recordare que la distancia nunca es lejana.
El sabor de lo dulce siempre esta presente y palpita en las memorias. Es un espacio que nunca acaba de llenarse, como una pintura a la que siempre le puedes dar una nueva pincelada. El sabor de lo dulce... que una vez fue instante, un tiempo, un viento.....
2 comentarios:
El sabor de lo dulce se mezcla con las horas oscuras y el viento que no late y las hojas que duermen, quietas, entre huellas grises y horas al revés.
El cementerio se estremece y las sombras se despliegan buscando un punto de luz, un límite para la soledad de las rosas marchitas, para la desolación de la distancia infinita entre el ayer y el mañana.
dejare pasar un par de años para retornar .
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